La artesanía como resistencia: dentro del primer Craft Gathering de Casa Maricruz en Barcelona
Una velada en Soho House Barcelona para reflexionar sobre el lugar de la artesanía hoy, y sobre la artesanía como forma de resistencia. El 15 de abril, Casa Maricruz celebró la primera edición de su Craft Gathering en Barcelona, reuniendo a distintas voces para reflexionar sobre lo que significa la artesanía hoy y por qué sigue importando como forma de resistencia.
Celebrado en Soho House Barcelona bajo el título Craft as Resistance, el encuentro reflexionó sobre los valores que encierra la artesanía —el tiempo, la atención, la paciencia, el oficio, la frustración y la relación entre el ser humano y la materia— y sobre por qué no son valores nostálgicos, sino valores que necesitamos como individuos, como comunidad y como planeta, si queremos seguir profundamente conectados con lo que nos hace humanos.
La artesanía nos pide valorar no solo el objeto terminado, sino el tiempo, el conocimiento y la inteligencia material que hay detrás de él.
La conversación estuvo moderada por María Estrada, cofundadora y directora creativa de Casa Maricruz, y reunió a Carlos Casillas, chef al frente de Barro y el cocinero más joven de España en recibir una estrella Michelin, y a Liliana Díaz, artista multidisciplinar cuyo trabajo lleva la artesanía tradicional a un lenguaje contemporáneo a través de objetos singulares.
Aunque trabajan en campos distintos, ambos compartían una forma de crear similar: una arraigada en el proceso, en el contacto directo con los materiales y en el respeto por lo que no se puede acelerar. De la cocina a la cerámica, la conversación volvía una y otra vez a la práctica, a la relación con el error y a la importancia de mantenerse cerca de la materia como forma de seguir conectado con uno mismo.
A lo largo de la velada, se habló de la artesanía no como decoración o nostalgia, sino como una forma de pensar. Una forma de entender que los objetos cargan con decisiones, gestos, historias y formas de conocimiento. Que los materiales no son neutros. Que el proceso da forma al significado. Y que el objeto hecho a mano todavía tiene un papel que desempeñar hoy precisamente porque se resiste a la lógica de lo idéntico.
En este contexto, la artesanía no es una categoría estética. Es una forma de relacionarse con el tiempo, los materiales y la intención.
Algunas de las ideas más claras de la velada llegaron a través de las palabras de los propios ponentes.
«Cada proceso que implica trabajar con la cerámica encierra aprendizaje, paciencia, vida, ciclos, reciclaje, muerte y la experiencia de trabajar con los elementos. Si sabes escuchar, la cerámica tiene mucho que decir.»
— Liliana Díaz
Su reflexión apuntaba a algo esencial: que trabajar con la materia enseña. Exige atención, paciencia y una aceptación de la transformación. Coloca a quien crea en relación directa con el cambio, la fragilidad y lo imprevisible.
Carlos Casillas devolvió la conversación a una pregunta que resultaba igual de importante:
«En Barro siempre hemos defendido una idea: aprender a mirar de otra manera lo que siempre ha estado ahí.»
— Carlos Casillas
Esa idea enmarcó buena parte de la velada. Porque parte del trabajo de hoy no consiste solo en preservar las tradiciones artesanas, sino en aprender a leerlas de nuevo, a entender que lo que durante mucho tiempo se ha visto como ordinario o heredado puede seguir conteniendo conocimiento, valor y relevancia cultural.
Parte de proteger la artesanía es aprender a verla no solo como legado, sino como una práctica cultural viva. Tras la mesa redonda, esa conversación continuó entre cócteles, con los invitados intercambiando impresiones, ideas y nuevas conexiones, antes de que la velada se cerrara con una actuación en directo de La Tania, que ofreció una interpretación de ¡Ay, Maricruz!, una canción profundamente ligada a los orígenes de Casa Maricruz y al nombre de esta casa.